lunes, 28 de febrero de 2011

De mí, ya te has muerto (Serie de la noche)

Esta noche he de declararte muerta.
Tu deceso no será debido a ninguna muerta violenta, ni tampoco a un accidente, ni por causas patológicas heredadas de vidas pasadas. Mucho menos debido a tus deseos, obsesivos, de querer terminar de una vez con lo que decíamos llamar existencia. No, tu muerte ha de ser más trascendental.

Te estoy matando. De mi mente y de mis recuerdos te he ido borrando, y tú no te das cuenta, y esa muerte ha de ser como mil muertes. Ha de ser como todas las lunas y los infiernos juntos.

Tu nombre que antes se dibujaba en la sal del mar y que descendía en forma de lluvia hasta bañarme y empaparme de ti, se ha ido desvaneciendo de letra en letra hasta ser vocal. Hasta ser vocal de un alfabeto perdido e impronunciable. Hasta ser vocal que se desangra en tinta sobre pergamino acabado.

Te estás muriendo. No podemos hacer nada para evitarlo. Las lágrimas sobre el alma no son suficientes para calmar y curar tantas heridas.

...Es de noche y ya no he de extrañarte, de mí, ya te has muerto.

martes, 15 de febrero de 2011

lunes, 14 de febrero de 2011

De repente

Una sonrisa. Tu voz. Una fotografía que ha dejado de ser sepia. Fotografía que conservo ahora en negativo y en color en mis más arraigados recuerdos. Intacta entonces estará tu imagen en mi memoria. Las caricias que dejamos escapar alguna vez de nuestros labios. Besos furtivos que escondimos de todos tras las estrellas. Y mi rostro que se pierde en lo espeso y oscuro de tu cabello. Tan lejos y tan cerca estás de mi... Y los días queriendo ser pequeñas eternidades entre los dos.

Oír tu voz

Bastaba sólo con escuchar nuevamente tu voz para saber que lo que sentí por ti la primera vez que te vi, no era el resultado de una casualidad -y he de decir que no creo que entre los dos exista esta alternativa-, sino de una causalidad.
Te deseo de una manera obsesiva, adictiva y criminal.

viernes, 4 de febrero de 2011

Tal vez ella tenga razón

Levanta su cuerpo del mío. Lo reposa al otro lado de la cama. Cierra los ojos y respira -era notable que algo le inquietaba-.
-¿Si la vida es tan corta, la muerte no debería ser también igual? remojo con saliva mis palabras, pero no digo nada.

No entendí esa frase sino hasta una semana después cuando vi sus ojos marchitos envueltos en llanto. Cuando decidió contarme que una mancha negra, que se extendía por sus pulmones y por todo su cuerpo, y que ardía de manera intensa e insoportable, le estaba consumiendo poco a poco su vida. Pero sobre todo, entendí el significado de aquellas palabras cuando me dijo: "ya no seremos más. Te toca ser inmortal por los dos", y mis ojos y el resto de mi cuerpo sucumbieron a sus palabras.