Las hoja caían una a una de los árboles. Bueno, no tan así, en ocasiones caían en manada y se precipitaban al suelo como quien quiere huír de un estado de dependencia. De infinita dependencia.
Mirabas el firmamento tratando de encontrar, en el sonido del viento, la explicación del cómo caen las hojas. Volvías la mirada a la tierra y sentías una leve brisa. caminabas con los ojos cerrados por senderos de hojas secas. Escuchando a hojas secas. Entonces, no era necesario encontrar más respuestas. Entendiste lo que era estar a solas en otoño.
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