jueves, 8 de diciembre de 2011
Sin título (1)
Ella ya sabía que mi vida era la de un taciturno más en las noches congeladas de la ciudad. Además, sabía que me la andaba de bar en bar recitando canciones de Facundo, de Silvio y otros más, tratando con eso ganar algo de dinero para comprar el vino de un día más. Y me preguntó con voz de lluvia: ¿a qué te dedicás para vivir? Y le contesté: a fumar y a respirar, y ella se avalanzó sobre mí, entibió mis labios con los suyos e hizo de mi lengua su único pasatiempo. Después de eso volvió a preguntarme:¿y ahora, a qué te dedicás? y le respondí mientras el frío me dormía: a fumar y a morir, me has dejado sin aliento.
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