Miran al cielo y se enternecen contando las nubes que hay en él. Imaginan historias, recrean escenas. Ven gatos y alacenas. Ven rostros que los miran. Luego, creen que alguien les está hablando. Mucho rojo en esos ojos o mucho cansancio en ellos para imaginar tantas cosas.
Se alivianan un poco y ha sido suficiente. Levantan su cuerpo del estado de ternura en el que estaba. Se marchan. No miran hacia atrás, mucho menos vuelven a mirar al firmamento.
Una nube rota va pasando. No tiene ninguna figura en especial. Se desvanece en aire frío. Ya pronto dejará de existir y no habrá nadie que la vea morir. No habrá nadie que cuente alguna historia sobre ella. No habrá nadie que le dé un rostro ni una figura. Entonces será aire.
martes, 28 de diciembre de 2010
martes, 7 de diciembre de 2010
Tú rebeldía
Me río de tu rebeldía, más no me burlo de ella.
Dices no importarte el sistema. Dices no seguir reglas. Dices, cada vez que puedes, es decir, siempre, ser rebelde. Pero todas la mañanas te levantas, tiendes tu cama, acomodas uno de esos peluches orejones que alguien te regalo para ser recuerdo en tu memoria. Dejas caer el último libro de Chopra de la mesita de noche, pero instantáneamente, y por obra y gracia de tus reflejos, lo recoges. Es un libro caro.
Y luego... rezas una oración a un dios, al mismo que cuestionas día tras día, pero lo haces porque no tenías más a quien contarle tus penas. Por último, te cepillas los dientes con dentífrico triple acción. Tomas un auto rumbo a un trabajo que te exige uniformarte todos los días; realizar los mismos movimientos con los dedos -los mismos que realizas cuando nos encontramos en tú mundo-. Y que te exige sonreír y disfrazar tus días difíciles y suicidas, y tu falta de paciencia.
En cambio, te dan 'independencia', puedes sostener tu rebeldía los domingos cuando en tu grabadora, escuchas a IRA, a Nepentes, Fertil Miseria o a Nadie. Ah, y te pintas de negro las uñas. Los domingos no te bañas, eso te hace sentir mejor, pero tampoco sales a la calle. ¿El libro de Chopra? -bien, gracias-, junto a la mesita de noche y sobre él una botella de vino que bebes cuando amaneces con ganas de mandar todo al carajo.
Cinco de la tarde, el domingo se está yendo, y te quedan o tras cinco horas para ser rebelde y para despintar tus uñas.
Dices no importarte el sistema. Dices no seguir reglas. Dices, cada vez que puedes, es decir, siempre, ser rebelde. Pero todas la mañanas te levantas, tiendes tu cama, acomodas uno de esos peluches orejones que alguien te regalo para ser recuerdo en tu memoria. Dejas caer el último libro de Chopra de la mesita de noche, pero instantáneamente, y por obra y gracia de tus reflejos, lo recoges. Es un libro caro.
Y luego... rezas una oración a un dios, al mismo que cuestionas día tras día, pero lo haces porque no tenías más a quien contarle tus penas. Por último, te cepillas los dientes con dentífrico triple acción. Tomas un auto rumbo a un trabajo que te exige uniformarte todos los días; realizar los mismos movimientos con los dedos -los mismos que realizas cuando nos encontramos en tú mundo-. Y que te exige sonreír y disfrazar tus días difíciles y suicidas, y tu falta de paciencia.
En cambio, te dan 'independencia', puedes sostener tu rebeldía los domingos cuando en tu grabadora, escuchas a IRA, a Nepentes, Fertil Miseria o a Nadie. Ah, y te pintas de negro las uñas. Los domingos no te bañas, eso te hace sentir mejor, pero tampoco sales a la calle. ¿El libro de Chopra? -bien, gracias-, junto a la mesita de noche y sobre él una botella de vino que bebes cuando amaneces con ganas de mandar todo al carajo.
Cinco de la tarde, el domingo se está yendo, y te quedan o tras cinco horas para ser rebelde y para despintar tus uñas.
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