martes, 7 de diciembre de 2010

Tú rebeldía

Me río de tu rebeldía, más no me burlo de ella.
Dices no importarte el sistema. Dices no seguir reglas. Dices, cada vez que puedes, es decir, siempre, ser rebelde. Pero todas la mañanas te levantas, tiendes tu cama, acomodas uno de esos peluches orejones que alguien te regalo para ser recuerdo en tu memoria. Dejas caer el último libro de Chopra de la mesita de noche, pero instantáneamente, y por obra y gracia de tus reflejos, lo recoges. Es un libro caro.

Y luego... rezas una oración a un dios, al mismo que cuestionas día tras día, pero lo haces porque no tenías más a quien contarle tus penas. Por último, te cepillas los dientes con dentífrico triple acción. Tomas un auto rumbo a un trabajo que te exige uniformarte todos los días; realizar los mismos movimientos con los dedos -los mismos que realizas cuando nos encontramos en tú mundo-. Y que te exige sonreír y disfrazar tus días difíciles y suicidas, y tu falta de paciencia.

En cambio, te dan 'independencia', puedes sostener tu rebeldía los domingos cuando en tu grabadora, escuchas a IRA, a Nepentes, Fertil Miseria o a Nadie. Ah, y te pintas de negro las uñas. Los domingos no te bañas, eso te hace sentir mejor, pero tampoco sales a la calle. ¿El libro de Chopra? -bien, gracias-, junto a la mesita de noche y sobre él una botella de vino que bebes cuando amaneces con ganas de mandar todo al carajo.

Cinco de la tarde, el domingo se está yendo, y te quedan o tras cinco horas para ser rebelde y para despintar tus uñas.

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