Miran al cielo y se enternecen contando las nubes que hay en él. Imaginan historias, recrean escenas. Ven gatos y alacenas. Ven rostros que los miran. Luego, creen que alguien les está hablando. Mucho rojo en esos ojos o mucho cansancio en ellos para imaginar tantas cosas.
Se alivianan un poco y ha sido suficiente. Levantan su cuerpo del estado de ternura en el que estaba. Se marchan. No miran hacia atrás, mucho menos vuelven a mirar al firmamento.
Una nube rota va pasando. No tiene ninguna figura en especial. Se desvanece en aire frío. Ya pronto dejará de existir y no habrá nadie que la vea morir. No habrá nadie que cuente alguna historia sobre ella. No habrá nadie que le dé un rostro ni una figura. Entonces será aire.
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