La brisa golpeaba su piel. Los recuerdos golpeaban su mente. Esa noche no se podía pelear contra el viento.
A través de la ventana, miraba hacía atrás en sus recuerdos y pensaba en la tristeza que le producían los días de lluvia. Después de un tiempo, llegaba a la conclusión de que toda su vida había sido invierno. Ni un rayo de sol se había posado en sus mejillas, mucho menos en su alma. El sol había sido leyenda y mito para ella. Volvía al presente y nuevamente, derramaba una lágrima. Las noches iban a ser largas. Los días seguirían siendo lluvia.
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