sábado, 23 de abril de 2011

Sus huellas en la arena del mar (Serie del mar)

Un sonido seco ensordece a todo el pueblo. Los corazones palpitan más acelerado que de costumbre. Las madres de estas tierras que han visto como esos sonidos se llevan el aliento de sus hijos, de sus esposos y familiares, y que en el mejor de los casos devoran sus cuerpos y que queman hasta su alma, salen a las calles a enfrentar la incertidumbre que representa lo que pueda suceder.

Las lágrimas ascienden más allá de los cielos buscando alguna explicación. Madres, estas tierras no son dignas de esas lágrimas, de tanto dolor.
Y de pronto, una de ellas grita. Sonido desgarrador que consuela y compadece a otras.

Uno de sus hijos, bañado en sangre, se encuentra a un costado del maizal. No ha perdido la conciencia (esto no es nuevo para él ya que le tocó ver como levantaban con una pala lo que quedó de su mejor amiguito), pero una mina a esparcido, por todo el camino, sus dos piernas y uno de sus brazos.

De pronto ese pequeño dice unas palabras que cualquiera pensaría no son de él: mamá, ya no podré ver mis huellas en la arena del mar, pero no te preocupes pues sé que el mar, con cada nueva oleada, borra cualquier huella que hallamos dejado en su arena. Y las lágrimas, que antes ascendían, caen a la tierra en forma de lluvia.

lunes, 11 de abril de 2011

El lugar donde mueren las olas (Serie del mar)

Las olas que se estrellan en las rocas traen consigo un agudo lamento de navíos que se ahogaron en el mar.

Gritos de marinos, marinos que sucumbieron al canto de sirenas y que perdieron para siempre su rumbo y nunca encontraron lugar en donde anclar.

Mensajes en botellas, escritos con tinta de mancha de plátano, que vienen navegando toda la vida en busca de una respuesta, pero que sólo encontraron una en la desesperanza y en las profundas aguas de la vejez.

Parejas de enamorados que pasan indiferentes, ni la arena ni el cielo ni el mar ha cambiado para ellos. Todo sigue igual, el mundo ha dejado de girar.

Y allí, en el ocaso de un día, cuando el sol convierte en agua de fuego al mar, caen las gaviotas en un último sueño, nadie las ha de llorar.

domingo, 3 de abril de 2011

Hemos cambiado (Serie del mar)

Después de viajar al centro de la nada, vi la necesidad de regresar al lugar que un día me vio partir.

Cómo el tiempo ha cambiado todo. Tu mirada que antes se llenaba de horizontes verdes y de mares de todos los colores, ahora es sólo un reflejo de sueños extraviados. Pasajes olvidados de una memoria sin recuerdos.

Tu sonrisa ha perdido todo el brillo. Una bóveda morada intensa ha guardado para siempre los años bienaventurados que alguna vez tuviste.

Tu olor a café y a maíz se ha evaporado en el árido paisaje de estas tierras.

Tu piel se ha vuelto lienzo de rutas indescifrables, de tierras vírgenes, de caminos con salida pero sin llegada a ninguna parte. De mares que pierde a tripulaciones enteras y que ahoga los gritos en el silencio.

Y de pronto me miras y te miro, y te vuelvo a ver tan lozana como antes, pero no me has reconocido, me he extraviado en la profundidad de tus mares.