Gritos de marinos, marinos que sucumbieron al canto de sirenas y que perdieron para siempre su rumbo y nunca encontraron lugar en donde anclar.
Mensajes en botellas, escritos con tinta de mancha de plátano, que vienen navegando toda la vida en busca de una respuesta, pero que sólo encontraron una en la desesperanza y en las profundas aguas de la vejez.
Parejas de enamorados que pasan indiferentes, ni la arena ni el cielo ni el mar ha cambiado para ellos. Todo sigue igual, el mundo ha dejado de girar.
Y allí, en el ocaso de un día, cuando el sol convierte en agua de fuego al mar, caen las gaviotas en un último sueño, nadie las ha de llorar.
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