Cualquier día se levanta y decide reflexionar sobre lo que ha hecho y hace con su vida. Antes ha decidido que para tan importante actividad, es necesario una taza de té y absorber el humo de unos cuantos cigarrillos -entonces parece que siempre estuviera reflexionando sobre su vida-.
Después de un tiempo, y de algunas colillas en el piso, llega a la conclusión de que en su vida hay demasiados y profundos vacíos. De lo que pudo y no hizo; de lo que hizo y no debía; de lo que no hizo porque no podía. Entonces su mente era un trabalenguas. Sus pensamientos ya lo eran.
Supo entonces que la única manera de arreglar aquellos vacíos era tomando una decisión. Decisión que, irónicamente, debería ser radical.
De la mesa de noche sacó un arma -por cierto, cada persona debería tener un arma en su mesita de noche, sólo por si acaso-. Apuntó a su cabeza al mismo tiempo que cerraba la puerta de la habitación.
Un disparo se escuchó...
Se abrió la puerta. La pared se encontraba con un nuevo agujero. Él levantaba las colillas del piso. Salió de su habitación y continúo con su vida. Pero algo había pasado.
Había tomado una decisión. Una decisión más que llenaría ese profundo vacío de lo que pudo y no hizo; de lo que hizo y no debía; de lo que no hizo porque no podía. Una decisión más para el inventario de su vida.
1 comentario:
Me gusta! pero em deja una sensación de querer leer más sobre el personaje...
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