jueves, 8 de diciembre de 2011

Sin título (1)

Ella ya sabía que mi vida era la de un taciturno más en las noches congeladas de la ciudad. Además, sabía que me la andaba de bar en bar recitando canciones de Facundo, de Silvio y otros más, tratando con eso ganar algo de dinero para comprar el vino de un día más. Y me preguntó con voz de lluvia: ¿a qué te dedicás para vivir? Y le contesté: a fumar y a respirar, y ella se avalanzó sobre mí, entibió mis labios con los suyos e hizo de mi lengua su único pasatiempo. Después de eso volvió a preguntarme:¿y ahora, a qué te dedicás? y le respondí mientras el frío me dormía: a fumar y a morir, me has dejado sin aliento.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Un punto que se ha extraviado (...)

Si las palabras fueran solo viento, y yo no te las hubiera dicho con tanta significación, yo no te hubiera encontrado al borde de aquél lugar. Y si fuera así, yo no te hubiera hecho ese 'supuesto' daño.
No sé lo que te hice, y poco a poco se me ha ido perdiendo la gana de querer encontrar alguna significación. Por ahora así. Por ahora, así...

jueves, 15 de septiembre de 2011

La luna en nuestro día

Estoy mirando a la luna desde mi ventana. Tantas cosas te tenía que decir, tantas cosas tú tenías que escuchar, pero, irónicamente, la premura del destiempo evita que así sea. Sólo nos queda esperar un siguiente día. Una nueva luna. En nada cambia nuestras noches, pero éste siempre será nuestro día.
No te preocupes, yo me quedaré un rato más en la ventana, mirando como nuestra luna muta y convierte a la noche en día... En un nuevo día.

martes, 6 de septiembre de 2011

A solas

Las hoja caían una a una de los árboles. Bueno, no tan así, en ocasiones caían en manada y se precipitaban al suelo como quien quiere huír de un estado de dependencia. De infinita dependencia.

Mirabas el firmamento tratando de encontrar, en el sonido del viento, la explicación del cómo caen las hojas. Volvías la mirada a la tierra y sentías una leve brisa. caminabas con los ojos cerrados por senderos de hojas secas. Escuchando a hojas secas. Entonces, no era necesario encontrar más respuestas. Entendiste lo que era estar a solas en otoño.

martes, 23 de agosto de 2011

Encuentros de la madrugada (Fragmento)

Miré sus ojos y vi en ellos el vacío. Sentí que la noche es una profundidad que me arrebataba. Sentí que todo se desmoronaba como un castillo de cartas y siempre las espadas atravesaban el As de corazón.

Quiero conservarte hoy en mi recuerdo y dejar que vueles en la madrugada para así, tener que volver a hacer el ejercicio de encontrarte en silencios. En los silencios de un lugar y un tiempo cualquiera. Acércame de nuevo a ti como un extraño que te dice hola y te pregunta la hora, sólo para ver tus ojos y verte reír. Quiero tener que enamorarte de nuevo cada día. Sin lunas ni soles que regalarte, llegar a tí. Tú y yo, nada mas importa.

martes, 26 de julio de 2011

Fragmento de la luz de la luna

Esperaste toda la noche para decirme que la luz de la luna no puede brillar más. Yo te estuve esperando todo el día sólo para verte brillar.

jueves, 7 de julio de 2011

Será sólo una manzana

Alguien le había dicho que las manzanas caían a la tierra gracias a una fuerza que las atraía, llamada gravedad. Trató de explicarle, con un lenguaje medianamente científico, como se comportaba la gravedad con los cuerpos. Bien, habría pensado ella. ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?, se habría preguntado. La verdad es que poco y nada si no sabía leer entre líneas lo que trataba de decirle. Y así fue, no supo leer entre líneas lo que acababa de escuchar.

¡Bah!, dejá las cosas así che...No te preocupés, no ha pasado nada, hacé de cuenta que lo que acabas de escuchar es una constante (k) de física que algún profesor despistado y loco de tu cole te acaba de dictar de un viejo libro; o mejor aún, es la plegaría que un extraño que tiene la cabeza llena de porro entre sus rastas, acabá de traer de sus inmensas nebulosas llamadas recuerdos.

Igual, él le entregó la manzana en sus manos y ella lo abrazó y le dijo, susurrándole al oído: gracias por tu amistad. Y él le contestó, separando con algo de ternura sus abrazos: No es nada, entonces, será sólo una manzana.

domingo, 3 de julio de 2011

El sueño de una sombra

Parafraseando la frase de Píndaro: "el hombre es el sueño de una sombra".

Sueño con vivir, le dijo una sombra al viento, y el hombre se conmovió ante ello y decidió vivir.

jueves, 30 de junio de 2011

Síndrome de brugada (La muerte puede ser una brisa o un rayo de sol)

Un corazón late más rápido. Su latir es un redoblante insesante que amenaza con salir de su cuerpo. No, el amor o el desamor, no siempre tienen la culpa. Ese corazón ha enfermado. Ha enfermado porque ha heredado la vida de su padre, de su abuelo. Síndrome de Brugada es su nombre. No, no hay cura para ello. Está destinado a esperar la muerte en cualquier momento, en cualquier lugar.

La muerte puede ser una brisa o un rayo de sol.

miércoles, 22 de junio de 2011

...Y hoy no llueve

¿Y qué, si esta noche no llueve? No por eso dejaré de sentirme triste al no tenerte.

sábado, 18 de junio de 2011

Deteniendo al viento

Él comienza a lanzar piedras al aire, sin ningún motivo aparente.
Alguien se le acerca y le pregunta: ¿qué haces? Él le contesta de la manera más atenta, pero sin desviar su atención y concentración de la empresa que lleva a cabo: “intento detener al viento”.

Un asomo de risa se deja ver en el rostro de ese hombre incrédulo. –¡Pero eso es descabellado!, dice.

Después de algunos minutos, los árboles cesan su movimiento, las hojas de los mismos han dejado de caer. El arroyo ha dejado de producir sonido y la brisa ha enmudecido su aullido.

Atónito, el hombre vuelve a preguntar: ¿pero qué ha pasado?
Satisfecho con la labor que ha desarrollado, y sobre todo con los resultados obtenidos, le responde: No es más ignorante aquél que pregunta como aquél que, ante lo obvio, pregunta sandeces o cree saberlo todo.
Es virtud entonces, ante la ignorancia, preguntar humildemente con el asombro de aquél que se enfrenta a algo inexplorado. Encontrarse con algo nuevo y que desconocía, será su recompensa.

Dicho esto, toma una última piedra de la tierra y se la entrega al hombre y le dice: No sólo ha sido mi actividad constante la que arroja estos resultados, sino también el fruto de una casualidad de la naturaleza, pero más aún, ha sido producto de tu incredulidad al pensar que no se pueden lograr las cosas que se emprenden, por difíciles, o carentes de sentido para tí.

Después de esto ambos hombres se marchan. Las hojas vuelven a caer.

miércoles, 15 de junio de 2011

Cómo se olvida un desamor (Serie de la noche)

Cómo se saca del corazón y de la memoria un desamor. La verdad es que no existe una formula exacta, o mejor dicho, cada persona tiene su propia receta. Bien, la mía era la siguiente: después de derramar sobre la almohada todas las lágrimas que me recordaban a ella. De convertir a sepia todas las fotos que de ella conservaba en mi memoria y de deshojar, una a una, las cartas que alguna vez nos dimos, decidí sacar mi cuerpo de ese estado de estupor y salir a caminar.

Todos los caminos me conducían a esa misma ruta que nos separó aquél día. A aquél momento en que se alejó para siempre de mí.

Ella dio la vuelta y yo sólo la vi alejarse. Veía como dos años, tres meses y siete días, se desvanecían en el viento. Se perdían entre las sombras que eran en ese momento las demás personas. Y yo sólo la veía.

Quise salir corriendo tras de ella, detenerla, arrebatar su mano, obligarle a quererme como antes… como siempre. Pero ya estaba en un mundo muy distante al mío.

Mis pies parecían raíces en el asfalto. Cuando pude reponerme, di la vuelta y me alejé de allí mientras mis ojos se derretían en llanto.

Sí, recordaré esta calle por mucho tiempo y sentiré que, cada vez que pase por aquí, se desprenderá una parte de mi corazón.

Seguí caminando. Rapsodia, que buen nombre para un bar. Ingresé allí y quise destilar, y como el humo de un cigarro, lo que me quedaba del aroma de ella.

Desprenderme de sus olores, era el siguiente paso. Pero estaba demasiado acostumbrado a ellos.

Pedí una copa de vino, pero el dolor era más profundo que eso, imposible de desenconar. Pedí una botella de ron, tras de ella otra bebida y otra. Después de eso no recuerdo mucho más.

Al día siguiente, me vi en mi habitación. No sé cómo llegué hasta allí, pero allí estaba envuelto en un dolor de cabeza y sin ningún recuerdo. Al parecer la había borrado de mí.

Tal vez había estado la noche anterior en un desierto sin oasis, mi garganta estaba seca y un agrio sabor llenaba toda mi boca. Y de pronto miro la mesa de noche.
Las burbujas en el agua, no bien suben a la superficie, explotan en todas direcciones, como fuegos de artificio en el cielo. Pero de nada vale ayudarse con alka seltzer o agua efervescente para sacar los demonios de la noche anterior. Es preferible entonces que la naturaleza y el organismo hagan su magia y derramen, sobre las sábanas y la alfombra, los remordimientos descontrolados y así repetirse y prometerse: no vuelvo a desmedirme tomando, mucho menos vuelvo a mezclar ron con cerveza o a usar tu boca como copa, para recibir el vino de tus labios que están manchados de desamor.

Pero pasan los días y el agua vuelve a efervescer. Había fracasado en mi intento.
De mi mente no te había borrado.

lunes, 30 de mayo de 2011

Concebimos la noche (Serie dedicado a tu memoria)

No, su nombre no sería Adaluz, su nombre sería Jennifer u otro nombre dulce como Leidy; sólo tal vez, le pondríamos el nombre de su madre. Sólo tal vez. Pero al parecer, ella había nacido para llamarse Adaluz.

Fue concebida una noche inesperada, donde no había lunas ni estrellas, más bien, era una noche fría, donde solo nos veíamos y nos reíamos. Tu me hablabas y yo te escuchaba y otras veces tu ocupabas mi lugar y yo el tuyo. Te acariciaba. Acariciaba tu mejilla y, de cuando en cuando, alejaba de tu rostro una fina hebra de tu cabello negro.

Soñabamos con un lugar mejor que hoy. Y la noche nos enredo como a sombras. Tu encima y yo debajo. Tu dentro de mí y yo en tí. Haciéndonos uno con la noche.

Y aquella noche pasó, y otras noches y más lunas pasaron.
Soportamos el tiempo en que tus lunas se encapricharon y no salieron durante meses. Vimos como tu cuerpo cambiaba y tus mejillas se coloreaban de rosa, y vos como sos de blanca. Unas veces nos reíamos y otras veces tu llorabas y yo que recogía tus lágrimas y con mi índice, las llevaba hasta mis mejillas y nos encontrabamos llorando. Y así varios meses...

jueves, 19 de mayo de 2011

Para poder alcanzarte (Serie dedicado a tu memoria)

Que esta daga que empuño entre mis manos y que apunto con determinada decisión frente a mi pecho, atraviese las capas mortales de mi cuerpo y lleguen a ese lugar donde recuerdo y olvido yacen paralelos uno del otro. Permite, filosa daga, que una vez allí sea sólo olvido para así borrar infinitamente mi existencia terrenal.

Te pido, corazón, no opongas resistencia ni cuestiones a este designio del destino que me lleva a desear la muerte absoluta antes que vivir (pues prevalece el sentimiento a la razón); fue la única manera que encontré para poder alcanzarte más allá de la existencia.

viernes, 6 de mayo de 2011

Tres llaves

Junto a un viejo llavero de los Rolling Stones se encuentran tres llaves que son las que utilizo con mayor frecuencia: la del apartamento, la de la oficina y la de una vieja gaveta.

Pero cambiaría todas ellas por una sola, la llave de su habitación. Y es que...

Have you seen her dressed in blue?
See the sky in front of you
And her face is like a sail
Speck of white so fair and pale
Have you seen a lady fairer?

She comes in colors ev'rywhere;
She combs her hair
She's like a rainbow
Coming, colors in the air
Oh, everywhere
She comes in colors.

sábado, 23 de abril de 2011

Sus huellas en la arena del mar (Serie del mar)

Un sonido seco ensordece a todo el pueblo. Los corazones palpitan más acelerado que de costumbre. Las madres de estas tierras que han visto como esos sonidos se llevan el aliento de sus hijos, de sus esposos y familiares, y que en el mejor de los casos devoran sus cuerpos y que queman hasta su alma, salen a las calles a enfrentar la incertidumbre que representa lo que pueda suceder.

Las lágrimas ascienden más allá de los cielos buscando alguna explicación. Madres, estas tierras no son dignas de esas lágrimas, de tanto dolor.
Y de pronto, una de ellas grita. Sonido desgarrador que consuela y compadece a otras.

Uno de sus hijos, bañado en sangre, se encuentra a un costado del maizal. No ha perdido la conciencia (esto no es nuevo para él ya que le tocó ver como levantaban con una pala lo que quedó de su mejor amiguito), pero una mina a esparcido, por todo el camino, sus dos piernas y uno de sus brazos.

De pronto ese pequeño dice unas palabras que cualquiera pensaría no son de él: mamá, ya no podré ver mis huellas en la arena del mar, pero no te preocupes pues sé que el mar, con cada nueva oleada, borra cualquier huella que hallamos dejado en su arena. Y las lágrimas, que antes ascendían, caen a la tierra en forma de lluvia.

lunes, 11 de abril de 2011

El lugar donde mueren las olas (Serie del mar)

Las olas que se estrellan en las rocas traen consigo un agudo lamento de navíos que se ahogaron en el mar.

Gritos de marinos, marinos que sucumbieron al canto de sirenas y que perdieron para siempre su rumbo y nunca encontraron lugar en donde anclar.

Mensajes en botellas, escritos con tinta de mancha de plátano, que vienen navegando toda la vida en busca de una respuesta, pero que sólo encontraron una en la desesperanza y en las profundas aguas de la vejez.

Parejas de enamorados que pasan indiferentes, ni la arena ni el cielo ni el mar ha cambiado para ellos. Todo sigue igual, el mundo ha dejado de girar.

Y allí, en el ocaso de un día, cuando el sol convierte en agua de fuego al mar, caen las gaviotas en un último sueño, nadie las ha de llorar.

domingo, 3 de abril de 2011

Hemos cambiado (Serie del mar)

Después de viajar al centro de la nada, vi la necesidad de regresar al lugar que un día me vio partir.

Cómo el tiempo ha cambiado todo. Tu mirada que antes se llenaba de horizontes verdes y de mares de todos los colores, ahora es sólo un reflejo de sueños extraviados. Pasajes olvidados de una memoria sin recuerdos.

Tu sonrisa ha perdido todo el brillo. Una bóveda morada intensa ha guardado para siempre los años bienaventurados que alguna vez tuviste.

Tu olor a café y a maíz se ha evaporado en el árido paisaje de estas tierras.

Tu piel se ha vuelto lienzo de rutas indescifrables, de tierras vírgenes, de caminos con salida pero sin llegada a ninguna parte. De mares que pierde a tripulaciones enteras y que ahoga los gritos en el silencio.

Y de pronto me miras y te miro, y te vuelvo a ver tan lozana como antes, pero no me has reconocido, me he extraviado en la profundidad de tus mares.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Un día más para vivir

...Supo entonces que la forma más fácil de acabar con sus problemas vivenciales era saltar del edificio más alto del pueblo.

No hay muchos, quizás el más alto tenga unos tres o cuatro pisos, pero él presupuestaba esto así que llegó a la conclusión que la forma más eficaz de tener éxito en su empresa era arrojarse de cabeza a la tierra.

Preveía cada detalle con minuciosa y estricta dedicación -propia de un estadista como lo era él-. Karloc, el gato debería morir primero. Nadie se haría cargo de un gato viejo, cansado y enfermo; el cual se había convertido en la burla de los ratones y la vergüenza para los demás gatos del callejón, suponía entonces la suerte de Karloc. Envenenarlo fue la mejor opción. Luego lo metió en una bolsa y lo enterró cerca a los arbustos de lila que seguían floreciendo sin saber por qué.

Las cuentas de agua y luz, las había pagado con antelación, nada de que preocuparse. Las plantas, además de las lilas, heredadas de las personas que habían habitado antes la casa,-y que nunca le habían importado-, extrañamente las bañó con agua, pero muchas ya habían sucumbido a la sequía de la ausencia.
No se despidió de nadie, desde hacía varios años había decidido que estaba solo en el mundo.

El martes era un lindo día para morir, se convencía.
Ese día, el sol no despuntaba en el cielo. El olor a lilas lo llenaba de nostalgia, pero nunca cuestionó la decisión ya tomada. Miró al cielo. Miró a la tierra. Tomó una última bocanada de aire y... Allí estaba, después de varios años en estado de coma. Allí estaba, en una vieja silla mecedora, contando la historia de cómo el aire, y algunos arbustos, habían amortiguado un poco su caída, permitiéndole vivir, claro sin poder mover (del cuello para abajo) un sólo músculo de su cuerpo, pero vivo...Pero vivo...Pero vivo, se convencía día tras día, noche tras noche, y por el resto de su vida, que así era: estaba vivo.

martes, 15 de marzo de 2011

La noche debía terminar (Serie de la noche)

Se levanta del taburete y se acerca a la mesa donde se encontraba
–demasiado tarde para salir corriendo de allí–.

Desde que llegaste no has dejado de mirarme. He sentido como tu mirada se desliza por el vértice de mi escote y se encuentra con el broche de mi sostén. He visto como forcejeas con él, intentando arrancar de mi pudor lo que cubre mis senos de tus pervertidos y sucios pensamientos.
Más aún, no te has quedado ahí. No te ha bastado con eso y he visto como la lengua y labios de tu imaginación suben por mis piernas y se cuelan por debajo de mi falda.

Descubres con delicada destreza mi intimidad y comienzas a darte placer.
Casi he sentido tu respirar intermitente. He sentido como el palpitar de tu corazón, donde sea que lo tengas, bombea desesperado y está a punto de explotar.

Cuando creo que terminaste, veo en tu rostro una estúpida sonrisa que me desconcierta. Creo que fue esto lo que me hizo decidir acercarme y dejarte al descubierto frente a mí.

Pues bien, toma asiento y te diré. Y ella acercó una silla.
Todo lo que has dicho es parcialmente cierto, no lo negaré –y por qué hacerlo–, pero has omitido algunos detalles que si me permites, te los diré.

Tu silencio es más que elocuente.
No es la primera vez que te observo así. Tú te has convertido en la única excusa para que yo vuelva a asistir a un lugar como este y dejarme acompañar de una botella de tequila, que desdibuja todo mi pasado pero que aclara las aguas turbias de mi presente y mi futuro, y tú estás allí, tan cercana a mi vida y a mis deseos. Y tal vez esto no te importe o no entiendas el significado de lo que te acabo de decir.

De tu relato omitiste la parte en la que tu mirada era cómplice de la mía. En la que sentía como el calor de tu cuerpo quemaba el mío y dejabas en sequía mi lengua, mi garganta y mis palabras.

Te guardaste para ti el momento en el que gimiendo me pedías, casi suplicante, que no me detuviera a respirar porque esta noche podía terminar.

Creo que quieres decir algo. –Tu convencimiento es ridículo. Sí, puede que lo sea, pero aun estás aquí escuchándome y queriendo saber el por qué de esa sonrisa que has usado como excusa para acercarte a mí…a mi mesa. –Jajaja, pobre iluso. Jejejeje, contigo no puedo ganar, ni a cercarme siquiera a empatar. Veremos que puede pasar más adelante.

…¡Así, así,…no te detengas!, decías. ¡A…A…Aaaaaaaah! Te ahogabas de placer y no pasó mucho tiempo para que yo reaccionara de igual manera.
Al terminar, separé mi cuerpo del tuyo y dejamos de ser siameses unidos por el amor, el sudor y el sexo.
Y allí estábamos, sobre la hierba, entre la hierba, bajo la hierba, desnudos. Todavía se podía ver ondas de fuego que salían de nuestros cuerpos.

Guardábamos silencio y escuchábamos como los arboles cantaban y veíamos como las luciérnagas danzaban. Y no era magia.

Volvíamos nuestras miradas al firmamento para ver como las estrellas titiritaban de frío. Creo que me puedo llegar a enamorar de ti, te dije. Te reíste y yo te acolité.

Esta noche quisiera fuera para siempre. Insistí, y con estas palabras quise convencerte, y tú dijiste: pero esta noche debe terminar. Tus palabras fueron profecía en el cielo, maldición sobre la tierra.

Ahora sí, discúlpame si te hice perder el tiempo o te llegué a incomodar de alguna manera. Te aseguro que ya no me volverás a ver.

Aquél hombre, sacó unos billetes de su cartera, pagó por el tequila y se marchó del bar. Ella no intentó detenerlo, en cambio, regresó a la mesa donde se encontraba inicialmente con su grupo de amigas.

-¿Por qué lloras? ¿Te hizo algo ese hombre?, preguntó una de ellas.
Sí, se enamoró de mí en una noche eterna, donde los arboles cantaban melodías olvidadas y las luciérnagas bañaban de luz el cielo, pero, por una extraña razón, dije que la noche debía terminar y él se marchó y ya nunca volverá. Contestó ella.

El día amanece.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Lo que me queda de la noche anterior -fragmento de cómo se olvida un desamor- (Serie de la noche)

Las burbujas en el agua, no bien suben a la superficie, explotan en todas direcciones como fuegos de artificio en el cielo.
Pero de nada vale ayudarse con alka seltzer o agua efervescente para sacar los demonios de la noche anterior. Es preferible entonces que la naturaleza y el organismo hagan su magia y derramen, sobre las sábanas y la alfombra, los remordimientos descontrolados y así repetirse y prometerse, aunque tenga que pegar con cola los trozos de cabeza que se desprenden cada vez que cierran una puerta o llaman al teléfono: no vuelvo a desmedirme tomando, mucho menos vuelvo a mezclar ron con cerveza o a usar tu boca como copa, para recibir el vino de tus labios que están manchados de traición.

Pero pasan los días y el agua vuelve a efervescer.

lunes, 28 de febrero de 2011

De mí, ya te has muerto (Serie de la noche)

Esta noche he de declararte muerta.
Tu deceso no será debido a ninguna muerta violenta, ni tampoco a un accidente, ni por causas patológicas heredadas de vidas pasadas. Mucho menos debido a tus deseos, obsesivos, de querer terminar de una vez con lo que decíamos llamar existencia. No, tu muerte ha de ser más trascendental.

Te estoy matando. De mi mente y de mis recuerdos te he ido borrando, y tú no te das cuenta, y esa muerte ha de ser como mil muertes. Ha de ser como todas las lunas y los infiernos juntos.

Tu nombre que antes se dibujaba en la sal del mar y que descendía en forma de lluvia hasta bañarme y empaparme de ti, se ha ido desvaneciendo de letra en letra hasta ser vocal. Hasta ser vocal de un alfabeto perdido e impronunciable. Hasta ser vocal que se desangra en tinta sobre pergamino acabado.

Te estás muriendo. No podemos hacer nada para evitarlo. Las lágrimas sobre el alma no son suficientes para calmar y curar tantas heridas.

...Es de noche y ya no he de extrañarte, de mí, ya te has muerto.

martes, 15 de febrero de 2011

lunes, 14 de febrero de 2011

De repente

Una sonrisa. Tu voz. Una fotografía que ha dejado de ser sepia. Fotografía que conservo ahora en negativo y en color en mis más arraigados recuerdos. Intacta entonces estará tu imagen en mi memoria. Las caricias que dejamos escapar alguna vez de nuestros labios. Besos furtivos que escondimos de todos tras las estrellas. Y mi rostro que se pierde en lo espeso y oscuro de tu cabello. Tan lejos y tan cerca estás de mi... Y los días queriendo ser pequeñas eternidades entre los dos.

Oír tu voz

Bastaba sólo con escuchar nuevamente tu voz para saber que lo que sentí por ti la primera vez que te vi, no era el resultado de una casualidad -y he de decir que no creo que entre los dos exista esta alternativa-, sino de una causalidad.
Te deseo de una manera obsesiva, adictiva y criminal.

viernes, 4 de febrero de 2011

Tal vez ella tenga razón

Levanta su cuerpo del mío. Lo reposa al otro lado de la cama. Cierra los ojos y respira -era notable que algo le inquietaba-.
-¿Si la vida es tan corta, la muerte no debería ser también igual? remojo con saliva mis palabras, pero no digo nada.

No entendí esa frase sino hasta una semana después cuando vi sus ojos marchitos envueltos en llanto. Cuando decidió contarme que una mancha negra, que se extendía por sus pulmones y por todo su cuerpo, y que ardía de manera intensa e insoportable, le estaba consumiendo poco a poco su vida. Pero sobre todo, entendí el significado de aquellas palabras cuando me dijo: "ya no seremos más. Te toca ser inmortal por los dos", y mis ojos y el resto de mi cuerpo sucumbieron a sus palabras.

viernes, 28 de enero de 2011

Queriendo encontrarte I

Uno no puede pretender encontrar en el olvido algo que no quiere ser hallado.
Recorro en naufragios de mi memoria las ruinas de amores que llegaron, encallaron y se marcharon.

Recuerdo una palabra, recuerdo una silueta, recuerdo un suspiro, pero al final del día, en la oscuridad solo hay sombras.

Sueño una mirada, no sé si sea la que busco. Me despierto de golpe, la dibujo para que mañana no se me olvide. Cantidad de miradas tapizan ya mi mente.

Siento tu voz que me llama; con letras la describo: ni muy suave ni muy fuerte, ni muy aguda ni muy grave. Más bien cálida, justa. Pero después de un tiempo se desvanece, como todo lo que creo que eres tú, sólo olvido.

...Te sueño y quiero encontrarte. Tal vez mañana, quién sabe, descubra una sonrisa o te llame Margarita.

miércoles, 19 de enero de 2011

Una lágrima

La brisa golpeaba su piel. Los recuerdos golpeaban su mente. Esa noche no se podía pelear contra el viento.
A través de la ventana, miraba hacía atrás en sus recuerdos y pensaba en la tristeza que le producían los días de lluvia. Después de un tiempo, llegaba a la conclusión de que toda su vida había sido invierno. Ni un rayo de sol se había posado en sus mejillas, mucho menos en su alma. El sol había sido leyenda y mito para ella. Volvía al presente y nuevamente, derramaba una lágrima. Las noches iban a ser largas. Los días seguirían siendo lluvia.

martes, 18 de enero de 2011

Un corto inventario de su vida (Serie de la noche)

Cualquier día se levanta y decide reflexionar sobre lo que ha hecho y hace con su vida. Antes ha decidido que para tan importante actividad, es necesario una taza de té y absorber el humo de unos cuantos cigarrillos -entonces parece que siempre estuviera reflexionando sobre su vida-.

Después de un tiempo, y de algunas colillas en el piso, llega a la conclusión de que en su vida hay demasiados y profundos vacíos. De lo que pudo y no hizo; de lo que hizo y no debía; de lo que no hizo porque no podía. Entonces su mente era un trabalenguas. Sus pensamientos ya lo eran.

Supo entonces que la única manera de arreglar aquellos vacíos era tomando una decisión. Decisión que, irónicamente, debería ser radical.

De la mesa de noche sacó un arma -por cierto, cada persona debería tener un arma en su mesita de noche, sólo por si acaso-. Apuntó a su cabeza al mismo tiempo que cerraba la puerta de la habitación.

Un disparo se escuchó...

Se abrió la puerta. La pared se encontraba con un nuevo agujero. Él levantaba las colillas del piso. Salió de su habitación y continúo con su vida. Pero algo había pasado.

Había tomado una decisión. Una decisión más que llenaría ese profundo vacío de lo que pudo y no hizo; de lo que hizo y no debía; de lo que no hizo porque no podía. Una decisión más para el inventario de su vida.

lunes, 10 de enero de 2011

La confirmación (Serie de la noche)

La manera en que llega una noticia puede variar porque en definitiva no es el medio por el cual llegue, sino lo que ésta tenga que decir.

Es pasada la medianoche. Suena el teléfono. Ya de por sí el sonido a esas horas de la noche o madrugada es desesperante.

Nuevamente suena el teléfono. En esta casa se acostumbra esperar por lo menos tres o cuatro pulsaciones antes de atender a su llamado.
Una mujer se levanta. Antes de contestar afina su garganta y se arregla un poco el cabello. Es joven.

Después de presentaciones y una breve conversación, al otro lado del teléfono un hombre le dice: Ángela, su hijo ha muerto.

Suelta una carcajada que llega hasta el techo de la casa y atraviesa las paredes y llega hasta los vecinos. Ella aún no tiene hijos. Al otro lado de la bocina, incrédulos por lo que escuchan, cortan la llamada.

Pero esa forma espontanea de alegría dura poco al recordar que su madre tenía su mismo nombre. Entonces, se derrumba en llanto y angustia. No por la noticia que acaba de recibir, sino por la confirmación algo tenebrosa. Hace algo más de dos años su madre y su único hermano, murieron en un accidente.

...Es pasada la media noche. Ring...ring...ring...Suena el teléfono.